La acuarela como técnica pictórica

La técnica de la acuarela

La técnica acuarela se basa en el uso de una pintura que tiene como aglutinantes sustancias especiales solubles en agua y goma arábiga que sirve para fijar el color sobre el papel. De hecho, es este uso indispensable del agua lo que da nombre a esta técnica. La acuarela se ha utilizado en distintas épocas de la historia de la pintura, como por ejemplo en el antiguo Egipto, China o Japón. Asimismo, también se ha utilizado en distintas épocas y culturas, que han empleado el agua como cohesivo para colorear. Pero el uso más frecuente de la técnica de colorear con agua u otras sustancias acuosas fue como complemento de la pintura en sí. Se utilizaba la acuarela, por ejemplo, para hacer el estudio del resultado cromático en los dibujos preparatorios de obras mayores, para dar color a dibujos arquitectónicos, o como complementos de grabados para ilustraciones de obras de botánica y zoología, donde realmente se logró una calidad artística sorprendente.

En un sentido más moderno, las primeras acuarelas las encontramos en Durero, que realizó una serie de dibujos con pluma coloreados con acuarela, así como una serie de paisajes donde la acuarela resalta la luminosidad del conjunto y permite detalles específicos. Esta facilidad de la acuarela para reproducir atmósferas paisajísticas hace que en el siglo XIX esta técnica adquiera la autonomía y autoridad de un género pictórico propio: el paisaje, con artistas como Girtin, Turner, Constable o Bonington en Inglaterra, el país de referencia del momento.

El auge de esta técnica pictórica, primero en Inglaterra y su expansión al resto de países de Europa, se debió a la necesidad de satisfacer una demanda cada vez mayor de artistas que buscaban métodos y procedimientos pictóricos alternativos el omnipresente aceite. La inmediatez de su ejecución, que no requería un ajuste exacto a la definición formal y rigurosa de la realidad y su adaptación al pequeño formato, la convirtieron en una técnica ideal para el género del paisaje, difundiéndose la práctica de pintar de après nature, obteniendo efectos de gran sensibilidad con el uso de papel rugoso previamente humedecido, donde los colores, aplicados por separado, se funden sobre el papel húmedo creando un efecto licuado.

Otro fenómeno que impulsó este género fue el auge de la burguesía, que buscaba objetos decorativos poco costosos. Esta clase acomodada encontró en la acuarela la la técnica ideal para cubrir sus necesidades, convirtiéndola en una pintura fácil y económica en su comercialización.